Sin duda una de las dificultades que nos encontramos en el
proceso de Enseñanza- Aprendizaje es el de la evaluación, más aún cuando ésta
se realiza en el área de las actitudes y valores. Gran parte del problema se
debe al antiguo enmarañe que se produce entre evaluación, calificaciones, “notas” pruebas o exámenes,
generalmente aplicados al final de un periodo.
“El fin del estudiante en estos casos
es pasar como sea y se olvida por completo que la cuestión es formarse,
afianzar conocimientos. EL examen pasa a ser una prueba que exige una
repetición mecánica y no una reflexión crítica sobre lo estudiado. En el aula
se teje una comedia farsante en que el maestro asume el papel de policía para
evitar la copialina y los estudian que buscan eludir la vigilancia y ser
descubiertos en su trampa. La más grave
consecuencia de la evaluación reducida a un examen en que se buscan buenas
notas... es que ha degradado y corrompido el acto de aprendizaje.”(1)
La evaluación es más que una
calificación o un instrumento como una “prueba”; para que realmente sea un
aporte debe permitirle al estudiante y al docente reflexionar sobre el
aprendizaje que está realizando para ir adquiriendo los conocimientos, habilidades,
actitudes y valores que aquél implica. Por lo tanto, para lograr esto último,
la evaluación debiera concebirse como un
proceso que permite, tanto a los docentes como alumnos realizar los cambios
necesarios para ir adquiriendo los aprendizajes.
“La evaluación es un proceso que
proporciona información para hacer los ajustes necesarios en el proceso de
enseñanza y buscar apoyo para el progreso educativo. Es un compromiso por
revisar colegiadamente la práctica educativa, compartiendo valores y actitudes
que se convierten en referente de la acción educativa y de la propia evaluación
del progreso en los alumnos y alumnas.”(2)
Por ello es relevante
consensuar: ¿Qué entendemos por evaluar?, ¿Qué evaluar? ¿Cuándo evaluar?, ¿Cómo
evaluar? y ¿Qué se hará con la información que obtenemos para mejorar los
aprendizajes?
La evaluación de las actitudes y
valores ha de ser motivadora, generando un espíritu de superación y de
crecimiento personal que permita a los estudiantes conocer sus fortalezas y
aspectos a mejorar. Para ello es relevante que ellos conozcan, comprendan,
valoren y se comprometan a practicar las actitudes y conductas que se esperan
que se realicen, por ello es relevante que sepan los parámetros e indicadores
pertinentes y sean apoyados por las acciones educativas, las actividades y estrategias
para que puedan alcanzarlos.
Considerar lo anteriormente
señalado, le permitirá asumir al estudiante el protagonismo que se requiere en
su proceso de aprendizaje y crecimiento personal, ya que tendrá claro qué es lo
que tiene que saber, qué es lo que tiene que valorar, que es lo que tiene que
hacer para lograr los objetivos propuestos. Esto acentúa en el estudiante su
papel de protagonista de sus aprendizajes y en el docente su rol como “facilitador”
de aquellos.
“aprender un valor significa que se es capaz de regular el propio
comportamiento de acuerdo con el principio normativo que dicho valor estipula.
Aprender una norma significa que se es capaz de comportarse de acuerdo con la
misma. Aprender una actitud significa mostrar una tendencia consistente y
persistente a comportarse de una determinada manera ante clases de situaciones,
objetos, sucesos o personas”. (3)
Como todo proceso de aprendizaje,
la adquisición de actitudes y valores es
un proceso lento, no hay que olvidar que en este proceso, además del ámbito
social, familiar y escolar influye la etapa de desarrollo en que se encuentra
cada niño o niña.
La evaluación de actitudes y
valores es principalmente de carácter formativo, para ello es necesario tener
claro los criterios e indicadores que se quieren observar en los estudiantes y
que manifiestan tendencias en su comportamiento; ello permitirá tener una mayor
congruencia con los perfil y los logros deseados.
Propuesta de instrumentos de evaluación
Existen múltiples y variados instrumentos para llevar a cabo el proceso de evaluación del aspecto valórico y actitudinal de los estudiantes, en este caso proponemos dos formatos. Es relevante que para que aquellos cumplan con su propósito, todos los alumnos conozcan y comprendan los indicadores que se consideran en estos instrumentos para que sepan qué se evalúa y para qué se evalúan los aspectos indicados, ya que se espera que así sean protagonistas de su aprendizaje y puedan regular su comportamiento para alcanzar los objetivos propuestos.
Instrumentos propuestos para evaluar los siguientes valores:
Responsabilidad
Obediencia
Tolerancia
Lealtad
Perseverancia
Solidaridad
Respeto
Amistad
Planilla para recopilar los datos:
Instrumento 1
Programa propuesto para analizar los datos:
Recurso programable
Propuesta de instrumentos de evaluación
Existen múltiples y variados instrumentos para llevar a cabo el proceso de evaluación del aspecto valórico y actitudinal de los estudiantes, en este caso proponemos dos formatos. Es relevante que para que aquellos cumplan con su propósito, todos los alumnos conozcan y comprendan los indicadores que se consideran en estos instrumentos para que sepan qué se evalúa y para qué se evalúan los aspectos indicados, ya que se espera que así sean protagonistas de su aprendizaje y puedan regular su comportamiento para alcanzar los objetivos propuestos.
Instrumentos propuestos para evaluar los siguientes valores:
Responsabilidad
Obediencia
Tolerancia
Lealtad
Perseverancia
Solidaridad
Respeto
Amistad
Planilla para recopilar los datos:
Instrumento 1
Programa propuesto para analizar los datos:
Recurso programable
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Bibliografía
(1) Aldea López, Eliana: La Evaluación en Educación en Valores.
(2) COLL, c, POZO: J.L. Los contenidos en la Reforma, Madrid, Santillana, 1992.
(3) Holt, John. : El fracaso de la escuela. Edit. Alianza, Madrid, 1980, Pág. 47
Ulises Alejandro Pérez Jara
Orientador Educacional
Magíster en Educación
